"Una lengua afilada", what she said: the art of pauline kael (2018) de Rob Garver

 



 



Quizás había leído su nombre en un separador de libros, pero no sabía nada de ella ni de su escritura. Pauline Kael... Creía que era una artista plástica de Nueva York, de pronto una amiga de Andy Warhol o algo así, pero no. Pauline fue una crítica de cine muy importante en la historia del cine: Tarantino, Bogdanovich y Manrique la leían con admiración. La gente compraba el New Yorker para leerla, para saber si debían o no ir a ver tal o cual película. Pauline Kael... Más de 12 libros escritos, una de las creadoras del Nuevo Hollywood, una voz literaria precisa, perturbadora, puntiaguda y humorística…


Iba en contracorriente. No le gustaba el Chaplin sentimental, llorón o autocompasivo de Limelight o de City Lights. (Le gustaba el Charlot maléfico, borracho, vagabundo y diabólico de los cortometrajes). Tampoco le gustaban las frases repetitivas de Alain Resnais en Hiroshima mon amour, tu n’as rien vu à Hiroshima… Decía que ya lo había entendido a la primera y que, en efecto, la película la había hecho reflexionar sobre el tiempo, pues durante la proyección siempre tuvo la sensación de perderlo… Lo mismo con La Notte de Antonioni, película ultra galardonada: la consideró aburrida, tediosa e innecesaria... Elogiaba películas escandalosas, pornográficas, como le dernier tango à paris, o películas de serie B consideradas cutres por el canon; y ayudó a impulsar la carrera de Martin Scorsese elogiando Mean Streets… Jerry Lewis decía que era una perra porque a él lo consideraba un idiota sin ningún interés… De pronto Kael no estaba tan equivocada...


Sentada en programas talk skow como el de Dick Cavett, ve uno a una mujer robusta, grande, de cabello corto y rubio, con una sonrisa inmensa, capaz de tragarlo todo, hablando de los obstáculos para ser tomada en serio por los hombres de Hollywood. Tiene uno la impresión de que sus manos son grandes, como raquetas de tenis, que pueden mandarlo a uno a volar después de la malla. Pauline Kael… Intentó trabajar con Warren Beatty pero fracasó… La despidieron de algunos periódicos por sus escritos… Amó el color de la sangre en las películas de Brian de Palma… Pauline Kael… Tuvo hijas con un cineasta experimental... Peleó por la libre expresión... Peleó porque las mujeres fueran escuchadas en los círculos intelectuales...


Lo mejor de este documental es cuando escuchamos los textos leídos de Pauline Kael, sobre todo aquel sobre la nouvelle vague, cuando habla de bande à part de Godard y analiza cómo los franceses leyeron el cine negro y extrajeron especialmente su poesía, su esencia, para hacer estas nuevas películas de jóvenes de los años sesenta que tienen una nueva forma de amar y de vivir la vida. En ese momento aparece Tarantino y dice que Kael expresó de manera clarísima lo que él quería hacer con el cine, y cómo ese escrito le dio la buena idea de realizar películas. Parece como si en ese tiempo los críticos también hubieran hecho cine, pues influían directamente en la estética de los nuevos realizadores y les daban pistas de cómo debería ser el cine del futuro. 


Hoy en día la cosa es diferente. Cualquier persona escribe cualquier cosa sobre cine en cualquier plataforma, blog o red social. (Me incluyo en esa camada. Estos escritos son solo apuntes, ideas desordenadas). Ya es más difícil encontrar reflexión, estilo, experimentación, pues sobre todo se prioriza lo inmediato, lo instantáneo, lo divertido y lo ruidoso, contenidos sin contenido... Aunque el documental lanza la pregunta si a Kael no le hubiera fascinado criticar una película en los pocos caracteres que exige Twitter... Quizás le hubiera tocado afilar mucho más la lengua...




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