"Una película sin género", Anhell 69 (2023) de Theo Montoya



Medellín es un cementerio, dice el narrador dentro del ataúd. Los vivos conviven con los muertos. Se encuentran de noche, en dormitorios iluminados con luces de neón violeta, tienen sexo, meten drogas, expanden el virus. Eso se llama espectrofilia, una práctica perseguida por ejércitos de hombres encapuchados cuyos uniformes tienen de adorno un pequeño botón del divino niño. La ciudad está en guerra. Y cada vez hay más chicos queer asesinados, suicidados, desaparecidos. Su representante es Anhell 69, un ángel que vive en el infierno, un ángel al que le gusta follar. Esa es una parte de la historia de la película de serie B que el realizador quería filmar, una película inspirada en Pura Sangre de Luis Ospina y en Rodrigo D de Victor Gaviria. Sin embargo, de esta película solo quedaron algunos rushes, pues los actores fueron muriendo uno por uno, y nunca se pudo realizar. El narrador vuelve a esas imágenes, reflexiona sobre aquella película, sobre los amigos desaparecidos, sobre la violencia a los jóvenes queer, sobre el VIH, sobre su propia vida.


No sirve de nada clasificar esta película dentro del género documental, ficción o experimental. El mismo narrador dice que se trata de una película sin género. Uno puede ver entrevistas convencionales, de pregunta y respuesta, como secuencias oníricas con una puesta en escena de ficción, hasta imágenes de archivo documental sobre los ataques terroristas de Pablo Escobar, imágenes del abuso policial durante el estallido de 2021, o imágenes de películas colombianas nombradas más arriba. La mezcla de géneros cinematográficos da cuenta de la multiplicidad de sexualidades que existen, reafirma la diversidad de género de la juventud colombiana hoy en día; y crea un espacio nuevo donde puede caber todo a la vez (con tensiones pero sin violencia), como una especie de país ideal. Porque eso dice Anhell 69: es posible convivir juntos en paz en la misma ciudad, a pesar de las diferencias, de los fantasmas y del pasado violento. Es posible cambiar una figura del padre tan terrorífica como la de Pablo Escobar por una más poética y creativa como la de Victor Gaviria, el conductor del carro fúnebre, el conductor de una serie de jóvenes cineastas colombianos que necesitan creer en algo o en alguien. Es posible que haya armonía entre tanta diferencia. Es posible, por lo menos desde el cine, pensar en un país más trans, más inclusivo, más pacífico, más esperanzador.


A veces me cansan esos mensajes de autoayuda de que hay que vivir en el aquí y el ahora. En ese tiempo presente parece que no sucede nada. Ni lo malo del pasado ni lo angustiante del futuro. Un tiempo donde supuestamente solo hay felicidad y plenitud. Creo que esa idea viene de Buda o de algo oriental, no sé exactamente, pero ha sido el mundo empresarial capitalista el que ha incorporado esa idea para mantener a los jóvenes en cierta incertidumbre, en un estado vulnerable donde no hay certezas de nada, donde el miedo hace consumir y producir más rápido, donde es más fácil ejercer el control sobre los cuerpos porque nadie puede detenerse a reflexionar sobre lo que quiere o sobre lo que espera del futuro, sino que debe resolver el día a día; la única opción es sumergirse en el hedonismo, donde la búsqueda de un infinito placer lleva a la depresión, donde el mundo se incendia por guerras desatadas por gobernantes delirantes y lo único que se puede hacer es sonreír para una selfie, poner un like, o hacer de cuenta que no pasa nada; solo se puede vivir en el aquí y el ahora, olvidar la violencia que tenemos alrededor y centrarnos en nuestra individualidad, en creer que vamos a ser famosos, en creer que el éxito se mide por el número de seguidores que tenemos en redes sociales. Anhell 69 cuestiona el capitalismo salvaje del mundo contemporáneo, cuestiona ese presente eterno en que viven los jóvenes queer paisas, propone detenerse y reflexionar sobre temas fundamentales como el futuro, la muerte y la vida que realmente quieren vivir, aunque también documenta una epidemia social parecida a una película de zombis pero que sucede en la realidad.






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